Quizás sean los 26 ya cumplidos. Quizás no: son los 26 ya cumplidos. Tal es así que tengo que volver a empezar.
Después de haber recorrido 26 años y un poquito más, puedo decir que viví algunas experiencias repetidas. En el sentido más estricto de la expresión cada una es única por la simple cuestión que el tiempo no para, las cosas no se repiten y cada instante no vuelve. De todas formas, al decir experiencia me refiero al conjunto de situaciones de duración de más de un instante, experiencias como proceso de aprendizaje en aspectos de los más diversos.
Durante la primaria, secundaria, cuando salía con amigas me iba con las chicas y cuando la que salía era mi mamá salía con sus amigas. Lo mismo aplicaba para tía, abuela, entre otros referentes.
Cuando mis primos mayores estudiaban en la Universidad y contaban de los exámenes, eran personas serias, las responsabilidades eran mayores.
Ni hablar de las relaciones, los noviazgos. Las vueltas para dar un beso eran a los quince. La vergüenza de admitir los sentimientos tenía toda la razón de ser del mundo. Éramos chicos.
Pero para todas estas observaciones había una contrpartida que era la visión de mi mamá, de mis primos y de los novios de cuarenta o cincuenta que lejos estaban de los quince. De todos aquellos que ya iban por lo menos por la segunda vuelta. Segunda o más de hacerle frente a las responsabilidades, a los amores, a los desamores, a los nervios, a la incertidumbre, a la felicidad.
Mi abuela cuando se juntaba hablaba de las chicas, mis primos iban a la Facu sin dormir y hasta se supieron copiar en los exámenes y la gente de cuarenta no sabía cómo declarar sus sentimientos o mejor aún, seguía sintiendo exactamente igual que a los quince y dando las mismas vueltas para decirlo.
Y hoy que? Con 26, ni quince ni cuarenta, ni chica ni madre ni abuela estoy viendo lo vivido hacia atrás y lo por vivir hacia adelante y algo me dice que mis apreciaciones no van a cambiar sensiblemente.
Salgo con las chicas, las mismas chicas de hace diez años, las mismas chicas que dentro de diez años.
Un examen fácil en la Facu fue como uno fácil en el colegio, lo mismo para los más complicados. Y las salidas con amigos de la Facu fueron con tanta joda o más que las salidas de secundaria.
Y las vueltas para expresar los sentimientos se mantienen intactas.
Y esto que querría decir? Se me ocurre entonces que las personas nos mantenemos invariantes a través del tiempo. Claro está que podemos atravesar situaciones que nos hagan cambiar, a partir de los logros y los fracasos vamos juntando herramientas para discernir y relativizar los problemas, está bien. Pero lo que a los sentimiento se refieren seguimos igual, la intensidad, la forma de abordarlos. Pero si seguimos iguales! No es así? Quizás sea la excepción que confirma la regla pero la veo con tanta certeza interior que no creo que sea pura y exclusivamente propio. Si lo es entonces soy una pieza de colección, o de diván, o las dos.
De todas formas, algo me dice que nos mantenemos increíblemente vivos igual de 0 a 100. Que sentimos infinito hasta que dejamos lo terrenal para ir a parar vaya uno a saber a dónde y sentir o no vaya uno a saber también!
Esto es todo. Compartir con el que sintonice la alegría de saber que la adrenalina se mantiene intacta, que se puede emprender y cambiar de rumbo casi en cualquier momento que se nos cruce y porqué no un poquito de angustia de sentir que una vida menos finita no sería mala idea.
la mejor huella
ResponderEliminarabandonado lo conoces?
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