6.12.13

Puertas

Inversamente proporcional a la confianza con la persona que haya detrás de ella  y directamente proporcional a la incomodidad de la situación por venir cuando se accione el picaporte, es el stress que genera estar detrás de una puerta.

Lo anterior vale para los personajes que se encuentran a ambos lados. Sin embargo, claro está que el que tuvo que presionar el timbre, golpear la puerta o mandar un mensaje para avisar que está del otro lado, lo vive con mayor intensidad.

La puerta: un límite. Interior vs exterior.  Espacio de todos vs tu espacio. Mi espacio para mi vs mi espacio compartido. Motivos quizás generadores de este conflicto, si es que así puede denominarse.

Todo cambia si es edificio, casa en planta baja, con o sin rejas. Si hay 
escalones o no próximos, si la estructura permite o no escuchar sonidos de lo que está pasando dentro.

Mis formas de actuar varían sensiblemente según el caso, pero hay algo que se repite: avance y retroceso. Me acerco a golpear la puerta y doy instantáneamente algunos pasos para atrás, toco el timbre y lo mismo. No sería razonable quedarse pegado a la puerta, o tocando el portero con la naríz pero sin embargo hay más. Si hay escalones me sirven para jugar  y distraer la espera.

Será una cuestión de proxemia? Incomodidad? Inseguridad? Miro o no miro? Y si es un pasillo largo donde hay que sostener la mirada una docena de pasos hasta romper el hielo con la palabra? Puro lenguaje corporal servido para ser interpretado.


Quizá los culpables sean los encuentros y no las puertas.